jueves, 30 de octubre de 2014

Leyenda urbana para la noche de Halloween

Leyenda urbana noche de Halloween
Misterios Historias

Esta es una leyenda urbana de aquellas que te hacen tiritar y sumergirte en esos miedos que nos acompañan de pequeños. La historia en sí, es ideal para contarla en una noche de halloween, o cuando estés en medio del bosque, a oscuras, con tus “oyentes” de rostros pálidos escuchando tú relato.

En muchos misterios, nos complacemos en darte a conocer esta historia de miedo, esta leyenda urbana que reúne todos lo clichés de un relato de terror, pero que así y todo, no se puede negar que es una gran historia y una leyenda imperdible de conocer.

Una leyenda urbana llena de miedo y terror


Todo sucedió hace décadas atrás, se dice que fue en un pueblo alejado, que casi ni aparecía en los mapas, de la España de los años 80. Una pareja iba en su automóvil en dirección a una cabaña que tenían en el bosque. El camino era poco transitado y la noche ya estaba copando el ambiente, con su oscuridad y silencio.

Cansados por el largo viaje, se detuvieron a beber un café en uno de aquellos puestos de comidas que pululaban por la carretera. Nadie había en el lugar y las mesas y sillas vacías así lo atestiguaban.
Lo único que destacaba, aparte de quien atendía, un señor de aspecto agrio y mirada enjuiciadora, era la voz del locutor que salía de una radio destartalada, y que entre canciones viejas, daba cuenta de vez en vez de algún hecho noticioso de interés.

“Tengan cuidado, un loco se ha escapado del manicomio. Es muy peligroso, esta noche no salgan de sus casas”

La pareja se miro atemorizada y ella en un gesto instintivo le tomo la mano a su novio.

-Tranquila…no pasa nada…-

Le dije él, para tranquilizar a quien sería su esposa en unos meses más.

-Beban rápido el café, cerrare de inmediato el local…-

Dijo con una voz nerviosa, el dueño del lugar, mientras apresuraba el paso, para poner el letrero de cerrado en la puerta principal. Era obvio que la noticia lo había preocupado en demasía.

Pagaron y se marcharon. El auto estaba ahí a tan solo unos metros de ellos, pero que se sentía como si estuviera a kilómetros, mientras avanzaban hacia el, en medio de una oscuridad que les hacía pensar en lo peor.

Subieron rápidamente al vehículo, mientras la mujer no dejaba de mirar a todos lados, hurgando por la presencia de alguien sospechoso.

-No tengas miedo, mujer, ya debieron de haber encontrado a ese loco…-

Intento tranquilizarla su novio, pero ella aun era presa de sus miedos. Un suspiro de alivio dejo escapar de sus labios, cuando el vehículo se puso en marcha.

Pocos autos habían en la carretera, esta se encontraba rodeada de arboles y un bosque extenso que hacía sentir la soledad como si ella te respirara en tu cuello. De pronto, lo peor tuvo lugar, cuando el vehículo empezó a fallar.

Se detuvieron de repente, en medio del lugar más oscuro de todos.

-…Enciende…enciende…-

Nada, el auto no partía. El dejo escapar su angustia en su mirada y ella le acompaño en el temor.

Descendió del vehículo y abrió el capo. Reviso cada detalle, pero no pudo hallar la solución.

-Pasamos una casa hace como 10 minutos atrás, iré corriendo para preguntarles si tienen algún teléfono para que podamos llamar a un mecánico, o sino pasaremos toda la noche en este sitio, y eso no me agrada nada…-

-¿Quieres que te acompañe?...-

-No mujer, quédate aquí, no creo que sea buena idea dejar el auto solo en esta carretera…Además, todo saldrá más rápido si voy yo solamente…-

-Cuídate mucho…-…le dijo ella, mientras le tomaba la mano con cariño.

-Si mujer, volveré lo más rápido posible. Cierra todo, sube la ventana y no le abras a nadie…-

Dicho eso último, el hombre apresuro el paso en dirección a esa casa que vio unos kilómetros más atrás.
Ella lo observo por el espejo retrovisor, hasta que su novio se perdió de vista. Estaba sola, en medio de una carretera desolada y con el peligro rondándola. Miro para todos lados, pero nada veía fuera de lo normal, solo arboles silenciosos y la oscuridad que parecía a todo alcanzar.

Tomo una de esas revistas que llevaba para todos lados y se puso a leer para hacer más corta la espera.
Varios minutos pasaron y ella preocupada, miraba hacia atrás, en dirección donde su novio había partido pero nada veía.

De repente, lo peor se hizo cierto y en medio del silencio, sintió como unos pasos corrían hacia donde ella estaba. Asustada desvió su mirada hacia donde provenía el barullo y en un instante donde el terror hace su presencia, escucho claramente como alguien subía hacia el techo del vehículo.

Miro hacia arriba y por un instante quiso abrir la puerta y huir de ahí, pero pensó que era más peligroso hacer eso, que quedarse dentro del vehículo.

Sin dejar de mirar hacia el techo del auto, quiso creer que todo era una cruel broma de su imaginación, pero en eso, escucho un golpe fuerte y rotundo.

Grito de espanto y en eso un nuevo golpe escucho, volvió a gritar y los golpes se multiplicaron.

Esto no podía ser cierto, pensaba en su interior, pero la cruel verdad era toda una realidad.

Atemorizada al máximo, nuevamente reflexiono con la idea de abrir la puerta y salir corriendo de allí, pero el miedo la tenía prisionera, apenas podía mover sus manos, tan solo quería quedarse ahí, y esperar a que llegara su novio a ayudarla.

De pronto, el milagro. Las luces de un auto aparecieron en el camino. Ella miro hacia atrás, y observaba aliviada como se acercaba. Hizo lo que tenía que hacer y empezó a tocar la bocina del coche para llamar la atención.

El vehículo comenzó a andar más lento, y mientras pasaba al lado suyo, empezó a golpear la ventana pidiendo ayuda. Ahí vio consternada, el rostro afligido de quien manejaba, tanto de él, como de su señora que lo acompañaba. Ambos observando atontados por el miedo, aquello que había sobre el techo del vehículo.

-Ayúdenme….ayúdenme…-

Suplico la joven, pero nada de eso recibió, cuando el auto se marcho a toda prisa de su lado.

Estaba desconsolada, el llanto la tenía a su merced.

-Jorge…te necesito…¿Por qué no regresas?...-

Los golpes de lo que sea que había sobre ella, seguían y seguían. Eran ruidos secos, que estremecían al golpear el techo del vehículo.

De repente, otro auto más. Sus luces eran un canto a la esperanza para la mujer, que esta vez, se atrevió incluso a bajar un poco el vidrio para que escucharan sus suplicas.

El coche se anduvo deteniendo, y el rostro del conductor se resquebrajo por la consternación.

-Buscare a la policía…cierre las ventanas…no salga de su auto…-

Las palabras se tropezaban por el nerviosismo y en ello, el auto se perdió en medio de la carretera.

-Basta…basta…-…empezó a gritar la mujer, pidiendo a quien sea que estaba sobre el techo, que dejara de meter esa bulla infernal. Pero nada conseguía. Cansada y hastiada, nuevamente la idea de abrir la puerta y salir corriendo de ahí se paso por su cabeza. Pero en eso, las sirenas de unos coches policiales la contuvieron en su intento.

Se detuvieron a unos metros de ella y unos cuatro policías descendieron rápidamente de sus autos. Todos con arma en mano, apuntando a aquello que estaba sobre el techo.

Uno de los policías se acerco lo suficiente al auto, mientras no dejaba de apuntar a eso que miraba con el miedo acogotando su alma.

-Salga del auto, corra hacia mí y no mire hacia atrás…-

Esa fueron las palabras que envalentonaron a la mujer, quien siguió las instrucciones, abriendo la puerta del vehículo y corriendo rápidamente hacia donde estaba el policía. Pero no se pudo resistir y en un segundo, miro hacia el auto y vio con el pavor tomándola de improviso, que sobre el coche, estaba un hombre desaseado, con la ropa característica, que usan los locos del manicomio, golpeando y golpeando, pero no con sus puños, como ella pensaba, sino con una cabeza humana que tenía entre sus ensangrentadas manos, una cabeza cercenada…la cabeza de su novio muerto.

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